LA ALEGRÍA DE SER ADORATRIZ Y MISIONERA


Después de hacer mi profesión perpetua, de haber pronunciado mi si,  de ser todo para el Señor y los hermanos, un buen día en la hora del recreo dice la madre vicaria (superiora) Sor Catalina de los Ángeles (Paula Quispe Huapaya) se va a la misión, todas responden a donde?... Arequipa. Fue una ilusión muy grande de ir a otros lugares a anunciar a Jesús. Una vez en casa las hermanas me acogieron con mucho cariño, éramos como 20 o más. Mi misión era un cargo en la casa y en el colegio ayudaba en algo. 

Un buen día una hermana Aracheli (María Jesús Garrido) me dice: Sor Catalina vamos al barrio de Pachacutec los domingos, a la misa con el Padre Lafuente, y de inmediato le conteste: por supuesto vamos. Así que todos los domingos y fiestas de guardar íbamos a ese barrio y después de la Eucaristía visitábamos algunos hogares. En una de esas visitas encontramos a un señor muerto en su casa que era una choza, su cama era el suelo con unas cuantas ropas, ni cajón ni nada, allí tapado. Esto me quedo grabado que hasta hoy  recuerdo la impresión que me dio, que pobreza era los primeros años de este barrio. En esta misión aprendí mucho para mi vida religiosa. 

De la ciudad blanca di un salto a la selva embrujadora, Requena. Que ilusión, que felicidad conocer una nueva misión donde ir a dar a conocer a Dios. Una vez en Iquitos llegamos a la casa sagrado corazón, un gran colegio de las fmm. Y de allí para Requena, nos embarcamos en una lancha que se llamaba “La Adelita” nos acomodamos en nuestros camarotes y a las 5 pm arrancaron los motores, donde surcamos el gran  rio amazonas, muy impresionante y a eso de la madrugada una tormenta muy fuerte que se sentía en el techo de la lancha, la verdad que estuvimos un poco incomodas al no conocer como era el clima. Gracias a Dios paro de llover y al tercer día llegamos a nuestra linda y querida misión; las hermanas nos esperaban en el puerto junto a toda la gente que es costumbre hasta hoy esperar a los viajeros. 

En este pueblo tuve muchas experiencias que me ayudo el compartir con mis hermanos y hermanas, sobre todo en los barrios de Tarapacá, S. Lores. Aquí estuve muchos años, visitaba las familias, a los enfermos, y la hermana lluvia me mojo más de una vez, pero al llegar a casita me esperaba de todo que agradezco siempre porque muchas familias no tenían lo mismo de los cual doy gracias a Dios padre y madre por tantos dones.

En el barrio de Tarapacá en el salón de la normal teníamos la santa misa, y un día una señora me dijo que su hijo estaba enfermo y acordamos ir después de la misa con el padre Barbero; encontramos al muchacho postrado en cama, grave con su pierna semipodrida, yo pensé “como una persona puede aguantar tanto dolor”, entonces lo llevamos de inmediato al hospital y todo el gasto corrió a cargo del padre. Al joven tuvieron que amputarle la pierna para salvarle la vida. Doy gracias a Dios por tantas experiencias vividas en esta misión linda y hermosa, porque la gente me ha enseñado mucho, sobre todo tener profunda confianza en la Providencia.

Otra misión ha sido Rodríguez de Mendoza en Amazonas, ceja de selva, gente buena, acogedora, ni que decir de su compartir. A Jesús Eucaristía le dicen Señor Santísimo. Mi misión era visitar a las familias  por todos los pueblos y caseríos; en esos tiempos no había carros, todo era caminar a pie, o cuando había suerte algún caballo era oportuno,  pero íbamos felices, cantando, rezando hasta llegar a cada familia, donde muchas veces ni se podía caminar por el barro, pero igual seguíamos adelante. 

También tuve la oportunidad de trabajar en el centro de salud, que experiencia tan linda, mi jefa la Sra. Alicia Silva, una buena enfermera, muy recta y muy humana, caritativa con el más necesitado, era centro de salud, pero funcionaba como hospital, donde muchas veces me toco llevar enfermos graves a Chachapoyas. Aquí también estuve muchos años compartiendo penas y alegrías, entre ellas recuerdo un día vinieron a buscarnos porque una señora estaba muy enferma con cáncer y como era la hora de la oración de laudes, con las hermanas nos fuimos a la casa de la enferma y oramos allí y terminamos con el canto a la Virgen, justo allí la señora dio su último suspiro, yo pensé que alegría el poder acompañarla en  este último momento, orando junto a ella. 

Otra misión ha sido Iquitos, Santa Rosa de Itaya, una fraternidad de 4 hermanas, trabaje en la pastoral de la parroquia, en el hospital de Iquitos, muy buena experiencia  con los enfermos donde compartí sus alegrías y sufrimientos, estuve muy cerca del que sufre y aprendí mucho de ellos. También el Señor me concedió ser fundadora de una fraternidad en Santa Clara de Nanay, Iquitos, donde llevamos la palabra de Dios por primera vez. Era la primera vez que llegaba un grupo de hermanas por allí. Nuestra misión era todo el rio Nanay, Putumayo y la quebrada de Chambira, teníamos a nuestro cargo 26 caseríos que los visitábamos  2 0 3 veces al año. Alguna  vez íbamos en bote, canoa o deslizador. Nuestro objetivo era la formación de animadores y orábamos juntos, todos estos recuerdos me ayudan ahora para vivir mi vida oculta, a ser misionera siempre. Recuerdo a mis hermanos  en la oración y los llevo en mi corazón. En la misión tuve la gracia de bautizar a muchos niños pues era el inicio de una formación, de una parroquia, donde nos acompañaban dos sacerdotes muy misioneros. 

También me toco estar en dos oportunidades con los enfermos del cáncer en la fraternidad del Albergue (Lima) y  en Tacna. Dios me concedió la gracia de acompañar y aliviar de alguna manera su angustia con este mal. Los niños eran los más inocentes, de ellos aprendí mucho. Yurimaguas (La perla del Huallaga) otra misión donde me toco estar poco tiempo, dejamos la misión por falta de personal. 

Ancón, otra misión con niñas, una experiencia diferente, donde cada una tiene un problema diverso, me hacía reflexionar mucho lo importante de la familia y que gran responsabilidad. La institución que protege esta obra ayuda bien en todo lo que necesitan estas niñas. Mi labor fue estar al cuidado de la salud donde muchas veces tuve que llevarlas al hospital de Puente Piedra y a cualquier hora, pues la salud es importante. Ahora doy gracias a Dios por tantas cosas que me ha permitido compartir con mis hermanas y hermanos, la vocación FMM, también agradecer a nuestra madre María por su protección, que nos ha librado de tantos peligros en la vida misionera. 

Doy gracias porque el Señor ha permitido que pueda cumplir mis 50 años de vida religiosa en el 2009. Lo celebre en Ancón con mis hermanas FMM, familiares, amistades y lo único que puedo decir es “Gracias Señor de todo corazón, como María quiero decirte mi alma se regocija por tantas maravillas que obras en mí”.

 

Hna. Paula Quispe Huapaya


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